Ovovivíparos, como se crían

Cría de Ovovivíparos

En este sorprendente grupo encontramos a los vulgarmente llamados, guppies, platys, espadas y mollys; y digo sorprendente por la forma de su reproducción, más segura e infalíble que los ovulíparos.

Es ésta la subfamilia de los Poeciliinae, dentro de la familia de los Cyprinodontidae, orden Microciprini; originaria de una zona netamente caribeña; entre los 5 grados y los 30 grados de latitud norte y rodeando el mar Caribe. Es decir norte de Venezuela y Colombia, Centroamérica, sur de México y la Florida en los Estados Unidos de Norteamérica.

Hay otra subfamilia, los Jenynsiinae, dentro de la misma familia y del mismo orden, que por su reproducción merece un párrafo que agregaremos al final del capítulo.

Los Poeciliidae gustan en general de aguas levemente duras y con una ligera tendencia a la alcalinidad. Hay entre estas especies, algunas que resisten aguas de estuario; agua dulce con un alto porcentaje de agua de mar; el mayor ejemplo es el de las Mollienisias que su mayor tamaño (35 cm.) lo alcanzan en aguas con un porcentaje de mas del 60 % de salinidad. Aun esta especie es considerada eurihalina por su adaptación al agua de mar. Aunque son peces netamente de aguas dulces, podemos llevarlos incluso a vivir paulatina y permanentemente en agua marina. Claro que con ciertos límites temporales por la dificultad en la eliminación de metabolitos.

Pero por sobre todo ello, el caso de los Ovovivíparos es un ejemplo de la adaptación a la evolución, no solo en su labilidad en los tipos de agua; sino también en su reproducción.

Desde la cópula con fecundación interna, hasta la incubación y eclosión de sus huevos dentro de la hembra; vemos que se aseguran la supervivencia de las crias y la especie.

La fecundación interna la obtiene el macho de una modificación asombrosa de su aleta anal; mientras que en las hembras se mantiene desplegada, en los machos se enrolla en un tubo penetrador y fecundante llamado gonopodio (pié gonadal), con el que penetra y fecunda a la hembra. De esta manera logra una fecundación óptima y sin derroches, a más de segura. Esta aleta modificada no hace más que transportar los espermatozoides que salen del orificio urogenital del macho, hasta el orificio urogenital de la hembra; pero lo hace de una forma tan eficaz, que no deja dudas. Es interesante observar que el gonopodio que está normalmente dirigido hacia atrás, en la dirección original de la aleta anal; en el momento de la cópula, el macho lo mueve en cualquier dirección, de costado e incluso hacia adelante para asegurar el contacto con la hembra y los primeros radios de esa aleta modificada terminan en pequeños garfios que sujetan el orificio de cópula de la hembra por contados segundos.

Una vez los espermatozoides dentro de la hembra, ésta ahora se encarga de asegurar la fecundación, reservándolos en una cámara especial de donde los extrae dosificándolos según las necesidades de los ciclos vitales. Aún hasta después de tres pariciones o casi un año de tiempo, esta hembra fecundada puede seleccionar el momento de utilizarlos gametos masculinos en reserva en su interior.

Todavía más se asegura la especie, porque al fecundar sus óvulos con esa selección, la hembra mantiene sus ahora huevos, en una cámara del abdomen, el oviducto ensanchado. Allí los mantiene por un lapso de alrededor de 30 a 45 días, al cabo de los cuales, pare las crias enrolladas y completamente desarrolladas, al punto que ni bien salen de la madre, se enderezan y nadan libremente, alimentándose ya de lo que les brinde el entorno pues su saco vitelino está casi agotado.

En la naturaleza encontramos en la subfamilia Poeciliinae, a cuatro importantes representantes: – Poecilia reticulada (guppies), Poecilia latipinna, sphenops, velifera, etc. (mollies), Xiphophorus helleri (espadas) y Xiphophorus maculatus, variatus, etc. (platis). Aunque a estos dos últimos géneros se los quiso pasar a Platypoecilus, y volvieron a Xiphophorus (cosas de la nomenclatura científica).

Un acuario ocupado por estos cuatro grupos de poecilidos, es pleno de color y movimiento; y conforma un cuadro de colorida animación donde los grupos se toleran entre si, pero no dentro de un mismo género; por ejemplo no podremos tener dos espadas machos robustos porque son muy territoriales ya no ser que el acuario sea de muy grandes dimensiones, la interposición de los territorios lleva a persecuciones y peleas que prontamente harán saltar fuera del acuario a alguno de los dos, o lo que es peor; uno resulta muerto por la pelea y el otro por las heridas.

Los platis se comportan en forma parecida aunque no tan agresiva y las peleas entre machos son cortas y debido generalmente a la posesión de hembras.

Las mollies son sumamente pacíficas y rara vez vemos ataques entre ellas, en ese caso son generalmente alardes de valor sin consecuencia alguna.

Y los guppies están siempre tan ocupados en mostrarse a las hembras y a todo el que se les ponga delante, que se olvidan de pelear por alguna causa.

Estos cuatro grupos, pese a tener levísimas diferencias en los tipos de aguas que prefieren, conviven en condiciones óptimas en un acuario común. Pero eso nos puede hacer caer en el error de superpoblar el acuario con la consiguiente posibilidad de desastre.

La gran cantidad de variedades que ofrecen estos cuatro grupos, facilita el deseo de tener todo lo que vemos en poecilidos y eso puede llevar fácilmente a la superpoblación y a la muerte por competencia de espacio, exceso de metabolitos, agresiones entre “pandillas”, etc.; que los llevarían a enfermar y morir. Desgraciadamente eso restituiría el equilibrio en un ambiente natural y abierto, pero en un circuito cerrado como es el acuario, nos lleva a la hecatombe.

Son muchos los autores que recomiendan el agregar al agua dulce una cucharadita rasa de sal gruesa no ionizada, por cada 10 litros (mollies cada 5 litros), puesto que gustan de ese tipo de agua, salada y dura.

Ya que los encontramos en corrientes de agua, lagos límpidos y bien oxigenados, se recomienda acuarios bien aireados, con abundancia de plantas para la oxigenación, y un buen filtro para la liberación de amoníaco y nitritos, conservar baja la concentración de nitratos y mantener una circulación excelente para impedir de esta manera la acidificación del agua.

La temperatura es importante, no por ser estos peces exigentes en ello, sino porque los cambios y las bajas en los grados, facilitan el acceso de enfermedades y epidemias. Debemos mantener el acuario a no menos de 20 grados centígrados (68 F.), siendo lo ideal entre los 23 a 25 grados Centigrados, gustando las mollies los 27º Centigrados.

Como no son peces tímidos o asustadizos, no necesitan de cuevas, escondrijos ni protecciones para su comodidad; si bien las plantas no deben faltar para espiar después de un susto momentáneo. Gustan de la luz y así son observables en toda su hermosura. Les agrada pastorear las algas de las superficies de las hojas sin destruirlas (si las comen, es por falta de luz para la pro) iteración de algas), y tampoco las arrancan de raíz para obtener alimento. Egeria, Ceratophyllum, Miriophyllum, Cabomba, etc. son ideales junto con algunas de hojas anchas y resistentes como Nomophila sp. Aún las plantas de plástico, luego de un tiempo de recubrirse de algas, son benéficas. Buena luz representa buenas plantas y algas; unas 12 a 14 horas diarias de iluminación dan los mejores resultados, respecto a la fuente de luz, ya hemos hablado exhaustiva mente del tema en otros artículos. Pero quizá la simpatía mayor la demuestran a la hora de alimentarlos; nos reconocen de lejos y también reconocen el recipiente de alimento, acercándose y agrupándose glotonamente contra el vidrio anterior y mostrando todas sus monerías. Aceptan cualquier tipo de comida y variación de la dieta y la devoran golosamente haciéndonos incurrir en el error de sobre alimentarlos. Como sus pequeños estómagos tienen capacidad para montones de comida y sus demostraciones son entusiásticas, llegamos a creer que son insaciables pero pagamos caro el creerlo. Controlémonos o caemos en el desastre.

Lo ideal es darle la suficiente comida que puedan consumir en cinco minutos, flotante o sumergida; y no agregar ni una pizca mas, pese a sus ruegos y a nuestro débil corazón.

Por suerte la naturaleza los ha dotado de un metabolismo acelerado y eso simplifica las cosas, podemos alimentarlos espaciadamente y con cinco minutos de comida, hasta cuatro veces al día.

Ahora bien, diferenciar los sexos es algo muy fácil en individuos adultos y definidos sexualmente; el macho tiene una visible diferencia en la aleta anal con respecto a la hembra. Mientras que en la hembra la aleta permanece desplegada y funciona para la locomoción, en el macho el tubo a lo largo de los dos primeros radios de la aleta anal, llamado gonopodio es fácil mente visible. Además siempre la hembra es más grande y robusta que el macho, que permanece más estilizado; y los colores son mas desvaídos en ella, comparados con la variedad y brillantez que presentan en él, para (a seducción sexual. Es lógico: él debe conquistar y ella pasar desapercibida para proteger la incubación de sus huevos.

Una vez realizada la cópula ya descripta más arriba y fecundada la hembra, vemos aparecer a los pocos días, una mancha negruzca en el abdomen de ella, mancha que llamaremos punto de gravidez y focalizada abajo y atrás en el abdomen; que se debe ya a la formación de los embriones dentro de los huevos. Desde luego que esta mancha es difícil o imposible de detectaren hembras muy coloridas o negras, vgr. Molly variedad Yucatán.

Los machos son realmente dominantes, aunque a veces por el tamaño y la robustez de las hembras nos parezca imposible; siempre terminan sojuzgándolas y seduciéndolas, realmente poseen un verdadero harén, buscando a toda hembra que se les presente por delante y tratando de fecundarla. Son lo máximos maestros de la seducción los guppies que con su tamañito se exhiben y vibran delante de la hembra, en una danza exigente a la vez que implorante.

El tiempo que tardan en gestarse, depende de la temperatura y la luz; a mayor cantidad de ellas, menor duración tiene el desarrollo de los embriones. Llegado el momento del alumbramiento, la hembra se muestra cuadrada en su sección transversal, posiblemente los músculos del abdomen comienzan a contraerse para la expulsión de las crias; y sus movimientos se hacen mas pausados, buscando la protección de las plantas.

El orificio urogenital agrandado deja paso ahora a las crías, una por una con una intermitencia que varia de pocos segundos a casi un minuto. Por contracciones secuenciales el abdomen empuja afuera a la cría, todavía enrollada como en su posición dentro del huevo, cuya cáscara transparente yen parte reabsorbida, no se ve en el momento del “parto”.

Una vez salida de la madre, la cria se endereza rápidamente y nada libre y veloz, ya formada perfectamente.

Cuidado en este momento, porque si no tenemos bien alimentados a los adultos y, a veces aún así, surge el canibalismo. Se puede colocar como protección un tipo de vegetales que en su enmarañada formación protegen eficazmente a las crias, son ellos el musgo de Java y la Riccia fluitans, uno abajo y la otra superficial, para mayor zona cubierta y protectiva.

Hay otros métodos de cuidar a la cria, pero los describiremos más adelante al hablar especialmente de ello.

Obtenidas las crias, debemos ahora alimentarias variadamente y con frecuencia, pero siempre sin sobrealimentar. Comida para peces bebés, Artemia pequeña, Daphnias; mientras les pase por el orificio bucal son aceptadas y engullidas

Como ya dijimos estos grupos son sociales y amistosos, fáciles de criar, y bien alimentados no contraen enfermedad alguna.

Pero criarlos no solo significa reproducirlos sino también desarrollar aletas y colores y seguir determinadas líneas genéticas interesantes.

Debido a su rápida reproducción, fueron los mas requeridos para obtener variedades en colores y formas, que compiten con los Carassius en originalidad.

Partiendo de la base que todos pueden ser mejorados cruzándolos bien, vemos que los que se dedicaron a ello; obtuvieron entre cantadores ejemplares.

Pero ello significa paciencia y dedicación, paciencia y tiempo, paciencia y observación, paciencia y selección1 y además, mucha paciencia.

Si tomamos por ejemplo a los Xiphophorus (espadas y platis), vemos básicamente que hay un género con tres especies: helleri (espada), maculatus (platis), variatus (platis); pero conocemos infinidad de variedades, que son resultado casi siempre de hibridaciones: tuxedo, cola lira, moon, berlinés, wagtail, albino, rojo con ojos rubí, dorsal alta, velífero, etc.

Siempre que se busca cruzar y obtener hibridaciones es para mejorar y embellecer la especie; pero bien saben los criadores que se necesita resistir los fracasos y fallos, que producen desaliento y demoras cuando en vez de avanzar, retrocedemos por el salto atrás generacional, o cuando las deformaciones son inviables o aún cuando solamente, no obtenemos lo que buscamos. Al cruzar razas naturales podemos obtener problema como esterilidad, malformaciones como melanomas, columna vertebral torcida, o seres que mueren al nacer por no estar completos o por formaciones incompatibles con la vida.

Por ello insistimos en dedicación y paciencia; puesto que logrado el éxito, la crianza subsiguiente es igual a las demás, pero las satisfacciones son inconmensurables.

Si volvemos al tema Xiphophorus nos encontramos con tres modificaciones básicas en relación a las cruzas, Aleta alta o aleta velífera. Cola lira. Cola plumosa.

Los aleta velífera fueron logrados en California en los años sesenta por Mr. & Mrs. Simpson.

La cola lira la obtuvo Mr. Oren Adams en Florida con espadas y en Hawaii con platys.

Y la cola plumosa a finales del 1960 en Hamburgo presuntamente.

Ahora bien, si cruzamos padres con una de estas características para ambos, podemos obtener un 100 % de crias con la característica…pero muertas. No tales y subletales que hacen mas difícil el triunfo. Por ello debemos experimentar con quien cruzar un macho o una hembra y cuales son los caracteres de cada uno de ellos. Hay veces que solo aceptan cruces de híbridos con comunes o con alguno obtenido en pasos anteriores, puesto que la consolidación absoluta de una hibridación puede llevar a la muerte por la aparición de los caracteres letales o subletales.

Solo si nacen y se desarrollan a partir de formas simples que al crecer muestran sus mutaciones, estaremos en presencia de individuos viables y compatibles. No olvidemos que estamos trabajando con presuntas deformaciones que en la naturaleza sucumben, ya por no ser compatibles con la vida o por no ser compatibles con el medio o por no ser compatibles con los demás individuos.

Si pasamos ahora a las Mollys, mucha gente piensa, que son peces para principiantes y eso no es cierto.

Biológicamente no son peces de aguas dulces. Se las encuentra en estuarios de nos al mar o en nos o lagos de aguas salinas. Se adaptan al agua dulce pero no porque les guste. Cuando el agua no tiene las condiciones, aparecen enfermedades y los famosos “shimmies”, no desarrollándose óptimamente. Valga el hecho de haberlas encontrado en estuarios, de un tamaño de hasta 35 cm.

La Mollienisia (antiguo género), prefiere las aguas duras y alcalinas, en una proporción de 1 cucharadita de sal gruesa por cada 5 litros de agua. Una temperatura de 25 a 28 grados centígrados es ideal. Y un agua limpia y bien aireada, esto es muy importante puesto que a mayor temperatura, el dosaje de oxígeno es menor. No le gusta un acuario superpoblado y acepta nuestra presencia muy bien.

Cualquier comida preparada o elaborada le apetece pero no debe faltar en la dieta lo vegetal, lechuga, espinaca cruda o hervida, etc. suspendidas de un hilo o flotando, son engullidas con gusanos criarlos seriamente, para nuestra satisfacción personal o para presentarlos en competencia, debemos organizarnos muy eficazmente.

Si bien colocar machos y hembras juntos nos brinda rápida y fácil descendencia; no es eso lo propuesto para crear o mantener líneas genéticas fascinantes.

Primordial es que obtengamos animales de buenas líneas reproductoras y para ello debemos dirigirnos a lo mas cercano a la fuente de origen de los reproductores. Si bien hay tiendas de venta confiables, recordemos que por espacio pueden necesitar juntar o mezclar líneas genéticas en un mismo acuario.

Y recordando la temprana edad en que comienzan a fecundarse en esta especie y a la característica de las hembras de reservar por varias generaciones, el esperma del macho; nos encontrarnos con problemas que se solucionan solo con la idoneidad de quien nos vende los reproductores.

No nos preocupemos en este caso del gasto, ya que esa seguridad resulta barata en relación a los fracasos posteriores con animales desconocidos. Si bien la ley de la casualidad está en un ocho por mil, conviene atenerse a la ley de causalidad.

Una vez procurados los padres sin problemas, aparecen igual otros problemas. Podemos empezar con un trió (un macho y dos hembras) o tina pareja; recordando que cuanto menos animales tengamos que controlar, mas factible serán las posibilidades de éxito. Contra la creencia que dice que a mayor cantidad mas selección, convenimos que es imposible tal dislate.

En el comienzo usaremos dos acuarios de 50 litros y uno de cria de 25 litros solamente. Totalmente desnudos a excepción de un termostato-calefactor y algún tipo de filtro (esquinero o esponja). La temperatura de los tres debe ser

La misma y de alrededor de 22 a 26 grados centígrados. La de 25 litros puede tener algún elemento para ocultarse y salvar alguna desavenencia de la pareja.

En los 2 tanques de 50 litros tendremos los machos y las hembras vírgenes, separadamente. El tanque de 25 litros cumplirá la doble función de cámara nupcial y tanque de cria, posteriormente.

Debemos tener bien claro los dos posibles caminos a tomar, o buscamos mantener una línea de color y forma que nos gusta, o buscamos crearla. En ambos casos las frustraciones son incalculables, pero así también las satisfacciones,

Tanto para lo uno que para lo otro, debemos tener padres que manifiestan las características que buscamos; pero así, todo los guppies son muy variables genéticamente. Lo mejor que nos puede pasar es que las crias que buscamos estén en un 10 % presente. Ya esto es todo un logro.

Coloquemos entonces en el acuario de cria al trió o pareja. Primero al macho para su acostumbramiento y luego a las hembras. Esta especie calculamos que entra ‘en celo cada cuatro o cinco días, de modo que si los mantenemos juntos por unas dos semanas, habrá tiempo suficiente para la fecundación.

Quite al macho y devuélvalo al tanque de “Señores”. Si a la siguiente semana aparece el punto de gravidez en las hembras y si tenemos mas de una preñada, coloquemos la de menor preñez en “Damas”.

Solo debe quedar una en la trampa madriguera del acuario de cria y no debemos colocarla durante la última semana, puesto que ya sabemos que el manipuleo puede provocar deformaciones o muerte en las crias y aún en la misma madre.

La verdadera razón de tener una segunda “embarazada” es para investigar los efectos genéticos por comparación con la primera; ya que sus fenotipos (aspecto), pueden o no coincidir totalmente con sus genotipos (información genética).

Ahora sabremos si la madre estuvo bien alimentada; pues si es así, las crias sobrevivirán todas. Quite luego a la madre devolviendo a al tanque de “Damas”. Quite los elementos de crianza y lávelos bien, dejando a las crias para que desarrollen, junto con los bebés de la segunda madre que ya habrá pasado por lo mismo. Aliméntelos a menudo y variado, incluido alimento vivo. A medida que crezcan aparecerán los defectuosos, que deben separarse de inmediato

Apartemos machos de hembras ni bien confirmemos su sexo y pasados dos meses ya podremos seleccionar los mejores y recomenzar.

Algunos criadores urjan sus nuevas camadas en tubos individuales para cada una, asegurando así desarrollo y virginidad

Las hembras podremos cruzarlas ahora con los mejores machos, sean padres o hijos; aunque las que fueron ya madres no lo necesitan por la reserva que tienen de espermatozoides… Si bien son los machos los que deben tener las mejores líneas de pureza en cuanto a los caracteres que buscamos, solo las hembras vírgenes nos asegurarán la genética de los padres. Sabemos también que hay hembras que acompañan con sus caracteres, mejor a algunos machos que a otros. Por ello fa selección y la virginidad exigidas.

Es difícil asegurar la virginidad en los poecílidos; ya que las hembras de platis, por ejemplo, pueden ser fecundadas a los ocho días de nacidas y algo parecido sabemos ocurre con las demás hembras del grupo.

Algunos criadores crían sus nuevas camadas en tubos individuales para cada cria, asegurando así desarrollo y virginidad. Si pensamos que una fecundación temprana podría destruir nuestro arduo trabajo de cuidado y selección, habremos de extremar las precauciones.

Sepamos también que los machos más retrógrados en su primitivismo, desarrollan más pronto y son más rápidos que nuestros machos con fantasiosas transformaciones; apartémoslos tan pronto sospechemos de alguno de ellos y comprobémoslo en el acuario de ‘Señores” por si acaso.

Ahora podremos practicar otros dos sistemas que servirán por diferentes condiciones: la endocria o autocruza, y la exocria o heterocruza. La endocria básicamente nos ayuda a confirmar un carácter buscado y la exocria aporta dentro de un mismo carácter, mayor fortaleza de condiciones.

La endocria confirma, porque lo cruzado tiene parentesco cercano; y la exocria cruza el mismo carácter, entre individuos alejados, confirmándolo; y podremos, de quererlo, agregar algún otro carácter También debemos aprender a soportar las sorpresas de cada método, pero eso no hace mas que despertar el interés de un buen criador.

Es importante llevar un control escrito de los pasos que seguimos y de las consecuencias y conclusiones que obtengamos; esto nos servirá de recordatorio en caso de éxitos o fracasos, siendo igualmente útil. Y además nos ordenará las operaciones llevadas a cabo para su mejor comprensión.

Es importante llevar un control escrito de los pasos que seguimos y de las consecuencias y conclusiones que obtengamos lo cual nos servirá de recordatorio en caso de éxitos o fracasos

Bien amigos, mucho más se ha escrito sobre el tema, pero todo se reduce a paciencia y dedicación.

Hay otros géneros dentro de los poecílidos que no son tan conocidos como los Cuatro Grandes, pero no por ello dejaremos de nombrarlos.

Algunos son: Cnesterodon sp., Phalloceros sp., Phallichthys sp., Gambusia sp., Girardinus sp., Heterandria sp., Priapella sp… Belonesox sp., todos ellos ovovivíparos e interesantes desde un punto de vista sistemático y acuarístico.

Pero no olvidemos una subfamilia que prometí nombrar en el principio de este artículo, todavía está en discusión si son ovovivíparos o vivíparos, y razón hay para ello. Sabernos que los ovovivíparos se llaman así por llevar sus huevos en el interior de las hembras y luego “parir” las crias vivas como vimos.

Pero en el caso de la subfamilia Jenynsiinae, las crias también se forman dentro de la madre pero se les acaba el nutrimento del sacovitelino antes de completar su organogénesis. Pero ahora la mucosa del oviducto donde reposa, multiplica su superficie mediante la formación de numerosos repliegues, que penetrando en los pliegues de la superficie corporal del alevino yen sus cavidades branquiales, establece intercambio gaseoso y nutricional. En esta segunda etapa embrionaria el alevino se comporta como un verdadero vivíparo, estableciendo relación directa con su madre para completar su desarrollo. Este es el caso de Jennynsia sp, originaria de las zonas esturarías y lagunas de agua salina de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Otro ejemplo más del fascinante mundo de los peces y su fuerza evolutiva.

Bien amigos, confío en haberles transmitido aunque sea un poquito de la admiración que siento por este grupo de los ovovivíparos; y espero que su crianza nos brinde nuevas formas de extasiamos, en el mundo de los Amigos del Acuario.

A.J.T.R.

Agradecemos por el artículo al Director de la publicación Amigos Del Acuario Editada en Venezuela para latino América;  y a Maniacotas.com.AR - Acuario – “Fernández, Sergio” (Sergio@maniacotas.com.ar ) y a Bressan, Luis A”. (Siul@maniacotas.com.ar

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